miércoles, 4 de enero de 2012

Soldaditos de juguete.

¿Cómo puede ser que alguien llegue a ser a veces lo que llega a ser?
A veces, ves en  lo que se convirtio en adulto y te preguntas: "¿Dónde quedó el niño que fue?¿Dónde queda los sueños, los juegos de infancia?¿Dónde queda la inocencia?¿Cuánto hay en un niño del adulto que será?¿Cuánto hay en un adulto del niño que fue?"
Crecer es dejar de jugar un juego para pasar a jugar otro. Crecer es olvidarte del chico que fuiste. Cuando eres chico, el juego es algo muy serio, cuando eres grande el juego es muy serio. Cuando somos chicos, juagamos a la mamá y al papá, a la guerra, a la oficina, al doctor... en realidad jugamos a ser grandes. Nos enseñan a jugar a un juego, pero cada uno lo reinventa a su manera. Esos juegos de la infancia, ¿son algo así como nuestros ensayos de la vida futura? ¿Cuándo somos grandes, por qué jugar es algo negativo? ¿Por qué miramos mal a alguien que juega con otra persona?
Cuando eres chico, los juegos no tienen consecuencias, terminas de jugar, los juguetes vuelven a la caja y el soldadito que murió en la batalla mañana sirve para otra guerra... pero cuando eres grande, el resultado del juego es definitivo. Ser grande es jugar a un juego que parece conocido, pero no lo es. En un juego hay reglas, siempre, no existe un juego sin reglas, es imposible jugar sin ellas... pero cuando el juego deja de ser un juego de chicos, ¿es posible querer jugarlos con las mismas reglas? ¿no es eso ser infantil?
Para un niño jugar es desear, soñar. Para un adulto a veces, vivir es obsesionarse con que la vida sea como la soñaste, jugando. Un niño que juega se entrena, juega a resolver conflictos, acumula recursos, arma su caja de herramientas. Jugar es soñar, es explorar los límites, las posibilidades de lo que llegaremos a ser. Cuando eres chico y termina el juego, todos los soldaditos vuelven a la caja y mañana sigue. Cuando eres grande fin de juego significa, FIN DE JUEGO.
Y.

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