domingo, 1 de enero de 2012

Dar la mano.

No se si lo recuerdo o me lo contaron, pero cuando era chiquitita mi madre me decía: "Dame la mano para cruzar la calle" y yo le decía: "No, no te la doy, te la presto". Porque dar la mano me sonaba a darla, a sacarmela y darla. Pero dar una mano ¿no es un poco eso?
Dar una mano a alguien es mucho mas que hacer un favor, no es dedicar unos minutos que te sobran o prestar una camisa que no usas, es dar una parte tuya, es darte tú.
Dar la mano es aferrarte y aferrar al otro. Cuando el mundo se vuelve un abismo y todo se cae, tus manos no se aferran a algo, se aferran a alguien. Alguien que no te deja caer. Cuando diste tu mano, ya no hay forma de soltarla, ya no es tuya, está unida a la del otro. Las dos manos son una. Las manos nos unen, nos suman.
Cuando damos la mano dejamos de ser yo, para ser nosotros.
Mi mano ya no es mía, es tuya, o nuestra.
Nunca voy a soltarte la mano, pase lo que pase.
Y.


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